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Próximo concierto

Viernes 3 en:
SOL SOLET
Passeig Marítim de HOSPITALET a las 22

Videos: 3 acordes

Paco colaborando en el proyecto audiovisual de Carlos Uriarte y Nani Blasco


3 acordes from Carlos Uriarte on Vimeo.
05-02-2009

Blog: Artículo de Pérez Reverte de 1998. Toda una premonición. Menudo crack

Porque no todo es música y porque la música lo impregna todo aquí va un artículo de Pérez Reverte en "El Semanal" de 15 de noviembre de 1998. Nostradamus y Verne parecen Caperucita a su lado:


"Usted no lo sabe, pero depende de ellos. Usted no los conoce ni se los cruzará en su vida, pero esos hijos de la gran puta tienen en las manos, en la agenda electrónica, en la tecla intro del computador, su futuro y el de sus hijos.
Usted no sabe qué cara tienen, pero son ellos quienes lo van a mandar al paro en nombre de un tres punto siete, o un índice de probabilidad del cero coma cero cuatro.
Usted no tiene nada que ver con esos fulanos porque es empleado de una ferretería o cajera de Pryca, y ellos estudiaron en Harvard e hicieron un máster en Tokio, o al revés, van por las mañanas a la Bolsa de Madrid o a la de Wall Street, y dicen en inglés cosas como long-term capital management, y hablan de fondos de alto riesgo, de acuerdos multilaterales de inversión y de neoliberalismo económico salvaje, como quien comenta el partido del domingo.
Usted no los conoce ni en pintura, pero esos conductores suicidas que circulan a doscientos por hora en un furgón cargado de dinero van a atropellarlo el día menos pensado, y ni siquiera le quedará el consuelo de ir en la silla de ruedas con una recortada a volarles los huevos, porque no tienen rostro público, pese a ser reputados analistas, tiburones de las finanzas, prestigiosos expertos en el dinero de otros. Tan expertos que siempre terminan por hacerlo suyo. Porque siempre ganan ellos, cuando ganan; y nunca pierden ellos, cuando pierden.
No crean riqueza, sino que especulan. Lanzan al mundo combinaciones fastuosas de economía financiera que nada tienen que ver con la economía productiva. Alzan castillos de naipes y los garantizan con espejismos y con humo, y los poderosos de la Tierra pierden el culo por darles coba y subirse al carro.
Esto no puede fallar, dicen. Aquí nadie va a perder. El riesgo es mínimo. Los avalan premios Nóbel de Economía, periodistas financieros de prestigio, grupos internacionales con siglas de reconocida solvencia.
Y entonces el presidente del banco transeuropeo tal, y el presidente de la unión de bancos helvéticos, y el capitoste del banco latinoamericano, y el consorcio euroasiático, y la madre que los parió a todos, se embarcan con alegría en la aventura, meten viruta por un tubo, y luego se sientan a esperar ese pelotazo que los va a forrar aún más a todos ellos y a sus representados.
Y en cuanto sale bien la primera operación ya están arriesgando más en la segunda, que el chollo es el chollo, e intereses de un tropecientos por ciento no se encuentran todos los días. Y aunque ese espejismo especulador nada tiene que ver con la economía real, con la vida de cada día de la gente en la calle, todo es euforia, y palmaditas en la espalda, y hasta entidades bancarias oficiales comprometen sus reservas de divisas. Y esto, señores, es Jauja.
Y de pronto resulta que no. De pronto resulta que el invento tenía sus fallos, y que lo de alto riesgo no era una frase sino exactamente eso: alto riesgo de verdad.
Y entonces todo el tinglado se va a tomar por el saco. Y esos fondos especiales, peligrosos, que cada vez tienen más peso en la economía mundial, muestran su lado negro. Y entonces, ¡oh, prodigio!, mientras que los beneficios eran para los tiburones que controlaban el cotarro y para los que especulaban con dinero de otros, resulta que las pérdidas, no.
Las pérdidas, el mordisco financiero, el pago de los errores de esos pijolandios que juegan con la economía internacional como si jugaran al Monopoly, recaen directamente sobre las espaldas de todos nosotros.
Entonces resulta que mientras el beneficio era privado, los errores son colectivos, y las pérdidas hay que socializarlas, acudiendo con medidas de emergencia y con fondos de salvación para evitar efectos dominó y chichis de la Bernarda.. Y esa solidaridad, imprescindible para salvar la estabilidad mundial, la paga con su pellejo, con sus ahorros, y a veces con su puesto de trabajo, Mariano Pérez Sánchez, de profesión empleado de comercio, y los millones de infelices Marianos que a lo largo y ancho del mundo se levantan cada día a las seis de la mañana para ganarse la vida.
Eso es lo que viene, me temo. Nadie perdonará un duro de la deuda externa de países pobres, pero nunca faltarán fondos para tapar agujeros de especuladores y canallas que juegan a la ruleta rusa en cabeza ajena.
Así que podemos ir amarrándonos los machos. Ése es el panorama que los amos de la economía mundial nos deparan, con el cuento de tanto neoliberalismo económico y tanta mierda, de tanta especulación y de tanta poca vergüenza."

24-11-2008

Blog: PICAP y su máquina de la mentira

Estoy cansado de coleccionar promesas aire en sillones de cuero negro, de hacer grabaciones millonarias que luego acaban en un cajón de madera entre restos de polvo (generalmente blanco). Mi tiempo, como el vuestro, vale mucho y estoy alto de que me lo roben con palabras dulces. Los que todavía no conocen la historia les puede resultar como mínimo anecdótico saber que grabé un disco en Madrid que costó 9 millones de las antiguas pelas y que nunca llegó a salir ni del estudio. Fue entonces cuando decidí volver a Tarragona y grabar un disco idéntico que acabó llamándose Historias del hueco alegre, título que recuerda un rinconcito de París, ajeno a contratos y negocios, donde solíamos reunirnos a bailar y a beber amigos de todo el mundo. Desde entonces la auto-producción ha sido mi camino. Un día me pregunté de forma honesta si me sentía lleno con lo que hacía (al margen de lucecitas de colores, egos, etc.)  y si la respuesta del público era lo suficientemente sincera y masiva como para entender que lo que hago vale la pena, aporta algo. La respuesta sincera fue un sí en los dos casos. Entonces revisé mis naves, organicé mi empresa. Y todo por pura necesidad, por coherencia, no porque tenga madera ni vocación de empresario (soy un desastre en ese sentido).

El caso es que hoy, después de algún tiempo, me reconcilio con el mercado e invito a mi concierto del jueves a muy poquitas compañías, a las que yo creo que trabajan de forma honesta defendiendo productos de calidad. En Barcelona concretamente son dos o tres (la mayoría están en Madrid). Entre ellas está Picap. Entro en su página, ya que no conozco a nadie personalmente de la compañía, y me encuentro con que me piden que pague pasta para meter mis canciones en una máquina que calcula el éxito que tendrá mi canción cuando salga al mercado. Si la canción saca más de un 7,3 Picap la escuchará entonces con mucha atención para un posible contrato. Y yo les digo a los de Picap: si os envío una foto de mis pártes íntimas y se mete en una máquina, ¿podemos averiguar qué éxito social y sexual podría tener en Salou el verano que viene?. ¿Qué pasa, que no vendéis discos con la piratería y tenéis que sacarle la pasta a un tipo que ha invertido cientos de horas en componer y el sueldo de dos meses en grabar una maqueta?. Grupos, cantautores, artistas varios, etc., si valoráis la opinión de alguien que lleva muchos años moviéndose en la difícil tarea de llenar el alma y la nevera al mismo tiempo, no dejéis que ninguna máquina de mierda valore el posible éxito de una composición. Esto es una cuestión de vísceras, de colores, de magia. Y eso no lo calcula ninguna máquina. Tampoco se fabrica ningún artista en los platós dorados de telecinco. Hay que tragar, como el Cid, “polvo, sudor y hierro”, llorar, crecer, reír, hablar, leer, oír, sentir. Siempre ha habido caras bonitas y discos vacíos en los primeros puestos listas de venta, y eso está bien porque cubren un espacio necesario. El problema es que la proporción de los que hoy vendemos decencia es demasiado pequeña. Hay muy pocos Fitos, Rubiales, Sabinas, muy pocos Lichis, muy pocos Chambao en comparación con el ejercito aplastante de Chayanes (por muy buenos que estén) y sus imitadores.

Señores de Picap. Si la Macarena es la canción que revienta las turbinas de vuestra máquina de éxitos yo prefiero seguir filtrando mis temas por mi máquina de la verdad y tocando para 20 personas en el Astrolabi de Barcelona. Es una vergüenza que buena parte de los discos de la producción musical de Catalunya lleve vuestro sello en la contraportada.

Desatentamente

paco enlaluna

12-12-2007